Como bien apunta el famoso blog Oil Crash (de A. Turiel) esta muy extendida la expectativa hipertecnológica en la cultura del consumo. Véase, por ejemplo, tendencias actuales como el transhumanismo. Por otro lado, también actualmente se hace eco de la disonancia entre los pronósticos de películas del período de los cincuentas a los ochentas como "Back to the Future" frente a la realidad tecnológica del año 2015.
A la fecha, solo las tecnologías asociadas a las telecomunicaciones como telefonía e internet (TICs) han alcanzado esas expectativas tecnológicas, incluso superándolas, pero ésto es debido a la miniaturización y aumento de la eficiencia energética. El resto de pronósticos, por ser un sumidero energético y de recursos, como coches voladores o ropa robotizada, son inviables al hoy por hoy. Esto deja patente el paulatino decremento actual de la energía per cápita, es decir, una mayor población mundial frente a fuentes energéticas cada vez menos accesibles o con menos prestaciones.
Otra tendencia Hollywoodense es la distopía transhumanista como la saga Terminator, sin embargo, la inteligencia artificial no está exenta del fenómeno de la falta de recursos energéticos. Si bien comparte muchas de las características de las TICs como la miniaturización y el aumento de la eficiencia energética, ésta tiene techos tecnológicos, procesamiento de datos y topes con la ley de Moore. Todo esto requiere de un soporte físico como servidores, energía de fabricación, transporte de componentes desde tierras raras no renovables para fabricación y así un largo etcétera.
Incluso las TICs son un buen ejemplo de la paradoja de Jevons pues, aunque por artículo individual exista más eficiencia energética en su fabricación y uso, éstas cada vez serán producidas más masivamente anulando cualquier ahorro energético total con respecto a una tecnología anterior u obsoleta.
Podemos, incluso, someramente comparar la disponibilidad en el universo observable de los elementos moleculares biológicos como la cantidad de átomos del carbón (piedra angular de la vida orgánica) frente a otros elementos como el silicio o de tierras raras (vida artificial) para hacernos una idea de en cuantos órdenes de magnitud menor sobre la factibilidad de la vida artificial a niveles cósmicos puede haber (véase "El gran diseño" Hawking y Mlodinow, 2011).
Sin embargo, y a pesar de esta última observación, no descarto la tendencia al transespeciesismo o transorganicismo, término que acuñaré para hacer un uso extensivo del transhumanismo a otras situaciones de la vida extraterrestre bajo la lógica del término principio antrópico débil y el principio de mediocridad, claro, bajo la ideología del progreso y el productivismo. Es decir, aquella tendencia de la vida inteligente, equiparable al nivel tecnológico humano, para reconvertir su biología innata por otras para la rápida adaptación a otros medios posiblemente más hostiles e, incluso, el viaje interestelar por largos periodos de tiempo, como la mejoría genética a conveniencia o el remplazo por la vida artificial basado en otros elementos que difieren de las moléculas del carbón como el uso del silicio.
No obstante, este brinco tecnológico, al menos especulando en nuestro universo observable, requiere mucho más que una civilización que utiliza 15 TW anuales (como actualmente consume la humanidad). Hay cálculos que para viajes interestelares a manera hollywoodense se requieren como mínimo civilizaciones cuya potencia de consumo energético ronde los 1000 TW anuales (véase también clasificación de Kardashov). Así pues tenemos que a nivel cosmológico, en cuanto una vida inteligente alcance un cierto nivel tecnológico y bajo la ideología del progreso, veremos dos tendencias que chocan frontalmente: el transorganicismo contra la barrera de Hubbert, último término acuñado en este interesante artículo (de Ugo Bardi) a propósito del esfuerzo ingente de pasar de una fuente energética a otra nueva de mayores prestaciones como hipótesis resolutoria a la problemática de la paradoja de Fermi.
Resulta natural pensar una secuencia natural a de la explotación de las propiedades energéticas del átomo covalente del carbón (biomasa y combustibles fósiles) a la atómica (fisión y fusión nuclear) para brincar barreras de los 20 TW a los 1000 TW. Sin embargo, existen problemas serios respecto a brincar esta barrera energética. Una es que la fisión es un proceso basado en el enrequicimiento de átomos pesados que son más raros y facilmente agotables, además que son potencialmente contaminantes o peligrosos. Por otro lado existe el debate sobre la factibilidad de la fusión, cuyo logró en complejidad sería difícil de alcanzar.
[Continuará...]